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lunes, 3 de junio de 2013

Insidias


Pidió audiencia al Obispo de Roma y se la concedieron. Al volver, el torero confesó ante todos los medios de comunicación, que el hecho de poder ver al Papa en persona era "en dos palabras, im-presionante".

La frase fue a engrosar el saco  de frases extravagantes, junto al candelabro, estar en el membrete, estar entre la espalda y la pared y despojar la margarita...

Se viene comentando desde hace algún tiempo que los más jóvenes están perdiendo vocabulario de forma alarmante, que sólo se arreglan con dos o tres salidas como guay, vale, jó tía/tío o de alucine. Que ya no dicen que algo es estupendo, magnífico, extraordinario, fantástico, maravilloso, asombroso, admirable, prodigioso. Todo es guay. Que ya no dicen que hay que estar preparado, al día, competitivo, en tres palabras "en el candelero" (candelabro). Y que cuando están a punto de asombrarse dicen ¡Guaaau! y, que pese a todo esto no saben lo que es alucinar. Que puede ser deslumbrarse u ofuscarse y, que también, puede ser atracción hacia algo que puede incapacitar para pensar. En dos palabras: Padecer alucinaciones. Que ¡Jo! puede se apócope de ¡jopé! que se puede usar para  manifestar sorpresa, enfado o asombro, pero que también puede ser un equivalente a ¡So! voz con que se detiene a las caballerías...Y lo peor es que los políticos se mimetizan con estas frases para caer guay a los jóvenes entrando al trapo para dejarnos a todos alucinados con su estulticia...Y por supuesto, si tema importante es el lenguaje, herramienta imprescindible para la comunicación, aún se agrava más cuando se utiliza para diluirse en el fondo de la cuestión..."el finiquito diferido como hay que hacerlo". Salvando las excepciones, que las hay, como "insidias"...¿Nos merecemos a los políticos actuales? ¿A ese hombre de pelo azabache y barba variopinta? "Todo son insidias salvo alguna cosa".




miércoles, 29 de mayo de 2013

Ciencia ¡Oh, la ciencia!


Hay en el mundo una especie de hombres denominados científicos y que se ocupan de las cuestiones relacionadas con ese denominador común llamado progreso. Se supone que son personas equilibradas y que se ocupan y preocupan por descubrir la evolución de las especies. Supongo yo que en algún apartado de su código deontológico estarán estipulados los límites. Pero lo cierto es que dan síntomas de que , tal vez, les afecte ese estar encerrados tantas horas  entre esas cuatro paredes de laboratorios...Ahora dicen que es posible crear vida (reproducirse) entre dos individuos  del mismo género sexual. Dos hembras de ratones acaban de dar un ratoncito...¡no han necesitado un macho! Porque para machos ya están ellos ahí. ¡Pero qué está pasando aquí!...Manipulan, embarazan, asisten al parto y, por supuesto, les dan su apellido. Y total, para volver al principio; a la primera casilla del tablero.

Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad. Era un viejo estribillo de zarzuela u opereta, no sé...Ahora que tanto se reivindica que hay que apoyar a esos cerebros para la ciencia, de la cultura, la enseñanza y todo eso ¿por qué malgastar el tiempo y el dinero en esas tonterías? ¿No sería mucho mejor procurar que NO naciera tanta gente rara y que no malgastaran el tiempo y su sapiencia en jueguecitos?


jueves, 23 de mayo de 2013

Conexiones


A veces se establecen conexiones inesperadas entre lo más bajo y lo más elevado. En una ocasión, un poeta místico se conmovió hasta el éxtasis al oír el sonido rítmico de un martillo usado por un herrero. Hay quien sabe sentir en los ritmos de la vida diaria algo más que aquello que se ve. Por eso la medicina occidental se centra en lo visible del cuerpo mientras la oriental lo usa para escrutar todo el halo vital de ese mismo cuerpo.

Menchu Gutiérrez

sábado, 18 de mayo de 2013

¿Siempre soy yo?


Transformista: actor o payaso que hace mutaciones rapidísimas en sus trajes y en los tipos que representa.

Según Unamuno, yo soy todos los "yo" que conviven en mi:
El "yo" que yo creo ser.
El "yo" que lo demás creen que soy.
El "yo" que en realidad soy.


martes, 14 de mayo de 2013

Las 4 C


Para determinar el valor y la calidad de un diamante se juzgan cuatro parámetros distintos que se combinan de diversas formas hasta alcanzar su valor final. Se denomina "las 4 C". Se trata del peso en quilates, de la pureza, del color y de la talla.

Como sucede con todas las piedras preciosas, el peso de un diamante se expresa en quilates. La palabra quilate tiene su origen en una medida de la naturaleza, las semillas del algarrobo. El peso de los diamantes se determinaba tradicionalmente por medio de estas semillas; posteriormente el sistema se estandarizó y se fijó: un quilate equivale a 0,2 gramos (la quinta parte de un gramo). Un quilate se divide en 100 "puntos", por lo que un diamante de 25 puntos se describe como un cuarto de quilate o 0,25 quilates.

Casi todos los diamantes contienen unos vestigios diminutos de carbono no cristalizado o pequeños cristales que no son diamantes. La mayoría no son perceptibles a simple vista y sólo se observan si se utilizan métodos de aumento. Estas impurezas se denominan inclusiones. Sin embargo, cuantas menos tengan más excepcional será la piedra y mayor su pureza.