.

.

martes, 23 de septiembre de 2014

La suerte…


A veces somos como marionetas que vamos girando con contorsiones ajenas a nuestra voluntad. Una inercia que nos lleva como cuando estamos con las defensas corporales por los suelos… y preferimos mirar antes que provocar la admiración en nosotros.

La vida es un juego. Y siempre estamos esperando que esas metáforas tan atinadas, tan bien pensadas, pero también tan manidas, nos lleven a buen puerto. Todo lo ponemos a la espera, o como ahora se dice en forma masiva: en Stand by, incluso aunque sintamos que hasta para señalar cualquier objeto, nuestros dedos están anquilosados. Y lo que nos queda es analizar los momentos que trascurren en el agitado río de nuestra vida… esperando que, quizás, con un poco de suerte ningún pez gordo nos quiera devorar…

Y cuando lo más fácil sería escribir para desintoxicarnos, y alejarnos de esas inercias; escribirlas para que así viéndolas en negro sobre blanco, entresacar algo de sus significados… nos agazapamos como si fuésemos culpables. Hasta en una cosa tan simple nos falta iniciativa, ya que lo más cómodo es decir: “a ver si hay suerte y salgo de esta“ . Y es que todo lo dejamos al azar, o a lo que Dios quiera. Y ni siquiera nos paramos a pensar que podemos trazar nuestra vida… llevarla a buen puerto con algo de imaginación, ya que …“en la película de nuestra vida tenemos dos opciones:  ser el guionista o un mero actor secundario”. 
De nosotros depende.


viernes, 12 de septiembre de 2014

Matices




Ay mísero de mí, y ay, infelice!
Apurar, cielos, pretendo, 
ya que me tratáis así 
qué delito cometí 
contra vosotros naciendo; 
aunque si nací, ya entiendo 
qué delito he cometido. 
Bastante causa ha tenido 
vuestra justicia y rigor; 
pues el delito mayor 
del hombre es haber nacido.



Según el filósofo Hegesias, todo placer va acompañado de dolor. Esta escuela dio  origen  al epicureismo  cuyo común denominador es, sin duda, su intento de evitar el dolor.

Platón y Aristóteles hacen una distinción bastante clara entre el placer y la felicidad; mientras que el placer es fugaz e inestable, aunque se trate de momentos supremos, la felicidad es algo más estable, o por lo menos nos hace desear una estabilidad más duradera.

La confusión del placer con la felicidad ha sido la razón de muchas e inútiles discusiones éticas. Schopenhauer en el “Arte del buen vivir” dice después de dura y madura reflexión: “No se puede considerar una existencia feliz preferible a la no existencia“, aunque su muy pesimista 
filosofía duda de la realidad feliz, cuyos enemigos continuos  son el dolor y el tedio.

¡Gusto…!

Las palabras gusto y placer  se emplean frecuentemente como equivalentes. En relaciones amorosas y amistosas las personas pueden “gustarse”  indicando que la relación resulta placentera. De forma análoga, la escultura, la pintura y otras expresiones artísticas pueden “gustar” mucho, indicando solamente una apreciación de placer.

En cuanto al goce, éste es bastante parecido al placer y requiere la percepción de sensaciones físicas, como las sexuales, gustativas, acústicas y otras. Se puede gozar de un paisaje, de un manjar, o de la unión sexual: ¡qué gusto me das…!

Los “gozos” tiene un significado religioso, en las composiciones poéticas en loor de la Virgen María o de los santos católicos.

El agrado tiene una intensidad perceptiva inferior al del goce. Con frecuencia se refiere a relaciones personales que se consideran “agradables”.

Mención a parte tiene la alegría.
La alegría es un estado mental con sensaciones agradables internas y en general con manifestaciones verbales y corporales. En este estado hay una modulación de las recepciones sensoriales que interpretan con mayor placer que el normal. Mientras que, como ya he dicho, el goce es en general de corta duración. La alegría suele ser más duradera; incluso hay personas que son más propensas a manifestar alegría. De “carácter alegre” se suele decir. En inglés el término “alegre” es la palabra “gay” que hoy se identifica con la conducta homosexual, como ya todos sabemos.

El estar contento es con frecuencia el haber logrado deseos momentáneos, como por ejemplo, sentirse satisfecho por haber conseguido un empleo o una meta en la vida…

El mayor matiz:

La felicidad tiene rasgos que son variables en el espacio, en el tiempo y en las personas; la misma persona es incapaz de sentir exactamente la misma emoción dos veces seguidas, ya que siempre hay una ligera diferencia en los estímulos y en las reacciones.